La catedral de la verdura
Cruzando el río Mapocho, en dirección norte tomando como referencia el centro de Santiago, a pocas cuadras de la plaza de armas se encuentra en existencia plena de la vega central, fundada en 1885.
Con más de un siglo de vida aun no pierde vigencia.
Actualmente, comprar en sus galpones se ha convertido en una moda y una verdadera opción para dar frente a la crisis económica, encontrando precio módico según datos del SERNAC. Siendo esto uno de los factores de interés que reune a dueñas de casas, empresarios gastronómicos, jóvenes, familias de todos los sectores sociales de la región Metropolitana, que han descubierto en este enclave rico en tradiciones, olores, colores, sabores y texturas de los productos mas diversos que provienen del campo conservando toda su frescura y aroma.
Su trascendencia quizás se deba a los mas variados factores, entre ellos cabe destacar la calidez de sus empleadores, siendo estos mismo sus propios jefes, orgullosos de ser veguinos y con la intención latente de ayudar a sus pares, se aprecia un ambiente distinto, al común de los lugares de nuestra capital, colmados por el stress, la depresión, la delincuencia, la ansiedad, el ruido, etc.
En la Vega se respira un aire mas fresco, se siente el buen humor, las risas llueven en todo momento, los gritos alentando a sus productos de la mas alta calidad, no sacian.
Siendo este un sitio que abastece a los mas variados lugares de Santiago y sus alrededores, ferias, supermercados, almacenes, carritos de verduras y cada vez mas popular entre ciudadanos, que encuentran, no solo un lugar donde comprar, si no también un verdadero monumento de las tradiciones comerciales, gastronómicas, arquitectónicas entre otras, que se han forjado durante largos cien años.
Queda en evidencia, la calidez de sus moradores, la humildad, la empatía, la solidaridad, la alegría, el optimismo que se puede apreciar en todo momento, la Vega vive las 24 horas del día, comenzando muy temprano, aproximadamente a las 4 de la mañana, con el ingreso de camiones, que abastecen con sus productos procedentes de todas las regiones del país. Luego es el turno de los compradores mayoristas y ya cerca de las 12 de la tarde, da paso a un grupo mas particular de ciudadanos entre ellos dueñas de casa, jóvenes, etc.
Ya a las 6 de la tarde el ritmo baja considerablemente a lo que era 12 horas antes, en este instante aparecen con más fuerza un grupo no menor de indigentes que improvisados de una fogata y una caja de vino tinto, acompañados de sus fieles perros, esperan nuevamente al comienzo de las labores de trabajo, donde a veces ellos colaboran dentro de lo que se puede.
Al otro lado del río.
Texto y fotografías
Claudio GilMoreno
martes, 21 de julio de 2009
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